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Mentes europeas pensantes

Los avances de la inteligencia artificial

Hace una semana leía un interesante artículo en el New York Times –más que un artículo era una pequeña prueba de preguntas– en el que se da al lector ocho fragmentos breves de texto y se le reta a diferenciar cuáles de ellos han sido escritos por humanos y cuáles por máquinas. ¿Mi puntuación? Acerté 3; fallé 5. Decepcionante teniendo en cuenta mis estudios en filología.

El hecho es que dicha prueba/artículo me ha llevado a querer indagar más sobre el tema y a interesarme de nuevo por la inteligencia artificial. Y digo de nuevo porqué recuerdo perfectamente que, cuando tuve mi primer ordenador, acostumbraba a jugar con pequeños programas de chat que simulaban estar hablando con una persona real cuando, en realidad, no era más que una primaria inteligencia artificial. A decir verdad recuerdo que eran programas con pocos recursos que, si bien se les podía enseñar alguna que otra palabra nueva, su aprendizaje era dificilísimo, por no decir casi imposible.

Sin embargo, como podríamos extrapolar de la ya conocida Ley de Moore, los avances en estos campos son vertiginosos. En el sector de los vehículos autónomos, por ejemplo, vemos como hace años que Google lleva investigando y llevando la delantera. Eso sí, hasta ahora los modelos existentes y prototipos dejan preguntas al aire. Por ejemplo, ¿Qué ocurriría si un vehículo autónomo tuviera la oportunidad de evitar un accidente (y daños al copiloto) si invadiera el arcén contrario o realizara una maniobra peligrosa? ¿El riesgo evitado valdría la pena en cuanto a el peligro asumido? ¿Y si hubiera peatones en el arcén contrario, o un carril de bicicleta? ¿Las leyes de Asimov de la robótica, qué defenderían en este caso?

Aún así, en los últimos años hemos podido ver como la robótica más o menos inteligente a llegado a los hogares de muchos ciudadanos sin apenas darnos cuenta de ello. El robot aspirador Roomba es, en efecto, el robot con mayor penetración en la sociedad. La pregunta clave en este caso es… ¿Pero tiene realmente inteligencia artificial o únicamente funciona con patrones predefinidos? Aunque la línea divisoria es terriblemente fina, al parecer el Roomba, y algunos de sus competidores, son capaces de aprender nuevos espacios, memorizarlos y recordar obstáculos, aprendiendo a moverse de forma más eficiente en los hogares (podéis consultar más información de la inteligencia de los Roomba en http://robotsaspirador.es/comparativa-roomba/). No deja de ser una inteligencia artificial muy limitada, pero una casa tan grande como es la de la robótica no puede empezarse por el tejado.

Algunos de los competidores de los robots aspiradores Roomba hacen ostentación de una mayor inteligencia pero, sin embargo, cuando se indaga un poco más acerca de su tecnología, uno se da cuenta que cuentan con sensores más avanzados que le permiten capturar mejor el entorno pero se mantienen en niveles muy parecidos en cuanto a comportamiento, toma de decisiones y aprendizaje.

¿Cuáles son los limites de la robótica? Las investigaciones más recientes de medicina plantean y ponen a prueba el uso de nanorobots como aliados que, en pocos años podrán combatir enfermedades como el cáncer, la diabetes o ayudar a la cicatrización de tejidos. Incluso algunas investigaciones, como esta de aquí, muestra como un nanorobot utiliza una espora bacteriana como huésped, para aprovecharse de su naturaleza humecto-sensible y usarla como sensor y vehículo de transporte.

Nos queda mucho por ver y, lo que hoy nos parece increíble, mañana será cotidiano. ¡Larga vida a la robótica!

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